Tener personalidad
Desde pequeño nos dicen: “con personalidad”, atrévete, qué no te pasen a llevar.
Pero, qué es tener personalidad?…… si todos tenemos una. Querámoslo o no, estamos dotados con ciertas características que nos diferencia uno del otro… Pero eso de tener personalidad, parece que se entiende de otro modo, algo así como… hablar más fuerte…, mandar más….., tener más poder….
No lo sé, pero tal vez en el colectivo cultural de nuestra identidad nacional, llevamos cierto trauma de la dominación, de ser subyugados, de anhelos de independencia que se nos han transmitido de generación en generación.
Tener personalidad… Un país con personalidad, al igual que el desarrollo de un niño, necesita de experiencias que aumenten su autoestima, narrativas que aliente su identidad positiva.
Como país, ¿cuáles han sido hasta ahora esas narrativas?, ¿cuáles han sido esas experiencias que refuercen nuestra autoestima? Claramente esta narrativa ha ido cambiando lentamente con el tiempo, y hoy podemos decir, tal vez, que tenemos un mejor autoconcepto.
Hoy… somos los “Jaguares de América”, nos sentimos grandes, aunque aún utilizamos los diminutivos y no logramos decir que no, sino… ”Ahí, voy a ver”, o “quizás”, o… “yo te llamo” (cosa que nunca sucede). Criticamos mucho, pero nos comprometemos poco. Lo que hacen los demás nunca es totalmente bueno, a la hora de comentarlo con otros y exigimos, a veces de muy mal modo que nos atiendan bien… Dicen que actuamos a la defensiva… y, ciertamente, somos muy autocríticos.
Parece que ese Jaguar está un poco asustado todavía. Han sido muy rápido los cambios. Entonces, ¿qué personalidad es la que queremos para nuestros hijos, para nuestro país?
Creo que culturalmente necesitamos seguir trabajando nuestra personalidad… un poco de asertividad no nos haría mal, más colaboración que “chaqueteo” y arriesgarnos sin culpa.
Valeria Molina
Socio Consultor

Todos estamos perplejos, preocupados y temerosos, ante este nuevo terremoto, que nos recuerda la vulnerabilidad de nuestra existencia humana. Esta experiencia ha despertado nuestras ansiedades más profundas, pues hemos sentido amenazada nuestra vida y la de nuestros más cercanos. Hay sentimientos de impotencia y el descontrol de estos acontecimientos.